Tras la Segunda Guerra Mundial, la industria petroquímica descubre las "aplicaciones pacíficas" de los agentes químicos que se fabricaron durante la guerra y se encontró una "justificación" para continuar su producción. Aparecen nuevos materiales, pestícidas, fármacos y plásticos de todo tipo. En el año 1976 se habían catalogado 80.000 productos diferentes.

La presunción de "inocencia" permitió a la industria crear productos sin conocer sus consecuencias para los seres vivos. La mayor parte de la población ha creido que esos productos se estudiaban a la manera que se hace con los fármacos: pero eso no es así. Comienzana comunicarse casos de esterilidad, abortos, malformaciones fetales y muertes por la exposición a agentes químicos. Al menos 12% de la población tiene dificultades para concebir y/o llevar a término un embarazo. Además, los incrementos se producen sobre todo en personas de enos de 30 años.

Una de las consecuencias de la introducción de materiales sintéticos ha sido el aumento de los casos de endometriosis, consistente en el crecimiento del tejido que está en el interior del útero pero en tejidos que no deben contener ese amterial. Por ejemplo en la pelvis, los ovarios o las trompas de Falopio. En la actualidad entre el 10 y el 20% de las mujeres en edad reproductiva sufren endometriosis. Por otra parte, la cantidad de espermatozoides de los humanos se ha ido reduciendo en las últimas décadas, posiblemente también en relación con agentes tóxicos antes inexistentes.

Los agentes químicos como ftalatos, bisfenoles y compuestos fluorinados están en las botellas, latas de comida, juguetes, envases de todo tipo, cosméticos, empastes dentales, muebles, ropa, etc. Algunos de estos productos lesionan el aparato reproductivo, malformaciones fetales, cáncer, alteraciones metabólicas, etc.