En la Cordillera de Los Andes crece un arbusto silvestre llamado por los lugareños "Rosa Mosqueta". El nombre científico es Rosa Aff. Rubiginosa. Sus flores son rosadas y cuando sus pétalos se caen, la planta desarrolla un fruto rojizo de forma ovalada. De sus semillas se obtiene el aceite de Rosa Mosqueta que contiene altos niveles de ácidos grasos esenciales poliinsaturados (EFAs), linoleico y linolénico, los cuales son en parte responsables de la beneficiosa acción del aceite en la regeneración de la piel. Además, la cáscara de sus semillas tiene un alto contenido de vitamina C.

El aceite de Rosa Mosqueta es uno de los productos que mayor interés ha despertado en dermatología, nutrición y cosmética, debido a que sus aplicaciones van desde la regeneración de tejidos dañados, el retardo en la aparición de líneas de envejecimiento prematuro, y la prevención de la formación de arrugas, hasta el tratamiento de piel afectada por quemaduras o expuesta a radioterapia. Las propiedades del aceite de rosa mosqueta fueron descubiertas a través de un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Facultad de Química y Farmacología de la Universidad de Concepción en Chile. El estudio se basó en las propiedades cicatrizantes del aceite de rosa mosqueta en 180 pacientes que tenían cicatrices debidas a cirugía, quemaduras y otras afecciones que provocaban envejecimiento prematuro a la piel. Los resultados fueron asombrosos. La aplicación continuada del aceite de Rosa Mosqueta ayudaba de manera efectiva a atenuar cicatrices y arrugas y a prevenir el envejecimiento. A partir de esta primera investigación, han surgido numerosos estudios sobre sus propiedades, tanto en Chile como en otros países.

Estas beneficiosas acciones que el aceite de Rosa Mosqueta es capaz de ejercer en el organismo humano se deben a su alto contenido de ácidos grasos esenciales poliinsaturados linoleico (44-49%) y linolénico (28-34%). Estos ácidos son sustancias nobles, indispensables para los tejidos con altos índices de proliferación de células nuevas, tales como las de la cara. Además de sus efectos en las capas externas de la piel, el aceite de Rosa Mosqueta también vitaliza las células de las capas interiores, revigorizando los fibroblastos, las células que producen colágeno y elastina, responsables de la firmeza y elasticidad de la piel.