Las diferencias de género afectan a la prevención, tratamiento y factores de riesgo cardiovascular; destacando que las mujeres tienen peor controlados los niveles de LDL-colesterol ("el malo") que los varones.

El LDL-colesterol es el principal factor de riesgo cardiovascular causante de muertes en ambos sexos que se puede modificar. El estudio "Improving the Quality of Care for Cardiovascular Disease: Using National Managed Care Performance Data to Investigate Gender Differences in HEDIS Measures Related to Heart Disease" mide los riesgos cardiovasculares y de diabetes en una muy amplia población norteamericana, haciendo estratificación por factores como edad, salario y etnia. Las mujeres consiguen mejores resultados en la mayoría de variables, con excepción del control de colesterol. Es muy importante que las mujeres adopten una conducta pro-activa en el cuidado de su salud actuando sobre ese factor modificable.

El estudio también demuestra disparidades en la atención sanitaria según la raza y el nivel económico. Además, parece que los médicos que atienden a las mujeres subestiman el peligro de tener elevado el colesterol "malo"; otro factor del mal control se puede deber al alto costo de la medicación apropiada dentro del sistema sanitario norteamericano.

En febrero de 2007 La Asociación Norteamericana del Corazón estableció en su guía recomendaciones agresivas para reducir el citado colesterol hasta 70 mg/dl en mujeres con muy alto riesgo de enfermedad coronaria.