Investigadores británicos quieren crear embriones a partir de células humanas y ovocitos (óvulos) de vaca.
Los laboratorios de biotecnología son como el castillo de Frankenstein: nunca se sabe lo que se va a crear ni el resultado final. Tampoco se aleja demasiado del camarote de los hermanos Marx. Stephen Minger, un californiano investigador del King's College de Londres, se dedica a explorar las posibilidades de las terapias celulares, valiendose de pócimas, probetas, microscopios, congeladores y ultracentrifugas. Los alquimistas y los illuminati también querían desposeer a las mujeres de la principal herramienta de poder femenino: la capacidad de crear vida.
La idea de Minger parece de una película de ciencia-ficción (hoy en día la ciencia ficción va por detras de la ciencia). La fusión entre un ser humano y un animal es un tabú demasiado "fuerte". La estricta agencia británica que controla la biomedicina tiene que pronunciarse en los próximos días sobre estos híbridos.
El objetivo del investigador es crear líneas celulares humanas características de enfermedades graves para probar medicamentos sobre esas células. El objetivo es, por lo tanto, buscar soluciones para enfermedades que no se pueden estudiar de otra manera. Se está muy lejos de crear una bestia humano-animal.
La técnica consiste en transferir el núcleo procedente de una célula de un paciente con -por ejemplo- diabetes, esquizofrenia o enfermedad de Parkinson y probar nuevas drogas sobre esas células "enfermas". La Agencia Británica obliga que cualquier embrión formado se destruya al llegar a los 14 días de edad. La investigación sobre células "madre" o troncales es una de las áreas de investigación más calientes y que crecerá a mayor velocidad en los próximos años, donde se mezclan grandes negocios, problemas éticos y legales, fraudes y competitividad.
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